viernes, 18 de septiembre de 2009

Cultura rápida

Estando en Madrid en camino a Oxford (voy a estudiar allá) veo un afiche de McDonald's que ofrece un helado con un barra de Kit Kat por un euro. Entre las cosas buenas que tiene la comida rápida es su uniformidad: no será la mejor comida pero tienes seguro qué es lo que estás comiendo. El caso es que entro al lugar, y me di cuenta que por mucho que la comida sea uniforme, la cultura que se desarrolla alrededor de ella no. Mi primer encuentro con eso lo tuve en Budapest, dónde tuve la particular experiencia de ver un grupo de chamos pasando el rato en un Burger King, como si de un bar se tratara.

El caso es que en Madrid las costumbres son distintas. En Venezuela uno pide un combo y punto; hay gente excéntrica que lo que les provoca son un papas y piden eso, pero el común denominador entiende comer rápido como un paquete completo. Acá por algún motivo no, la gente pide hamburguesas sueltas, papas sueltas, hasta refrescos sueltos. Ni idea el porqué.

Pero lo más raro fue en la cola. Una mujer que llegó luego tampoco entiendo, con lo que quizás no sea un hábito local, pero dónde estaba había una cola para todas las cajas, y surgía alguna clase de orden espontáneo para saber a quien le toca. Mi madrina ya me había advertido que algo similar sucedía con el autobús, entonces no hice el rídiculo, pero aún así me pareció gracioso.

Lo otro fue un conflicto entre la cajera y una pareja. Conflicto quizás sea mucho, un impasse quizás. Tristemente la necesidad de cubrir espacio para que todo el local reconociera que yo era el próximo en cola me impidió oír toda la conversa, pero en la raíz del asunto había un serio problema de comunicación. Mi teoría es que al principio no se entendieron bien, y de ahí en adelante ambas partes prosiguieron a hablarse una a lo otra como si fueran extranjeros. La mujer les gritaba sus preguntas (en un castellano mi juicio perfectamente inteligible), y el hombre de la pareja formulaba sus órdenes apuntando al menú y gesticulando vigorosamente (lo oí muy claramente pedir cubiertos -ojo, no sé para qué - y hacer los gestos respectivos de una forma un tanto exagerada). El resultado final era cómico, aunque creo que parte y parte salieron arrechas del asunto.

La conclusión de mis peripecias en McDonald's es que no había helado. Terminé pidiendo un helado en Burger King que me dejó preguntándome cómo es el spanglish ibérico, todo el nombre estaba en inglés y tuve que terminar diciendo un "dame un asunto de estos de fresa". Que quizás sea spanglish ibérico.

1 comentario:

papa dijo...

no has escuchado cómo pronuncian las palabras en inglés? donde spiderman se pronuncia espíderman, y no espáiderman...muchos españoles son muy deficiente en inglés, ni se preocupan en que sea spanglish...