viernes, 12 de febrero de 2010

La buena vida

Mi rutina diaria, cuando no cocino en mi casa, involucra comerme un sandwich (o como lo llaman acá una baguette*) en una tienda manejada por franceses en la que por lo general la comida es excelente. Hace poco pedí una sopa de cebolla, que llevé cuidadosamente los 10 minutos de caminata hasta la biblioteca para poder tomarla con calma, ansiosamente esperando poder deglutir una de mis comidas favoritas. Me terminó mi sopa y voy a mi prepa, dónde me consigo con un amigo que me pregunta qué tal estuvo.

- Sumamente decepcionante, digo yo, me aurrinó el día.

- Debes llevar una muy buena vida, interjecta una chama, si una mala sopa te aurrina el día.

Lo cual me pareció muy cómico, además de cierto. Aunque en mi defensa, la sopa sí fue sumamente decepcionante. La cebolla no estaba caramelizada, no tenía ese sabor que deja el alcohol cuando se evapora, y algún idiota decidió que llevaba romero y un bojote de pimienta. A mi además me encanta la sopa de cebolla, y tenía grandes expectativas que se fueron al piso con aquel vil brebaje. Quizás sea indicativo de que las cosas me van bien por acá, pero sin duda fue lo peor que me pasó ese día.

*Tema separado, pero esto de los nombres de carne-entre-dos-pedazos-de-pan es rarísimo. En ningún país lo llaman en su propio idioma: aparentemente una comida tan común necesita el uso de una palabra importada para sentirse exótica.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Pendejadas feministas

Llevo excesivo tiempo sin escrbir acá, pero ha llegado la hora de rectificar hablando dos cosas que no entiendo sobre las mujeres. Mejor dicho, dos nuevas cosas que no entiendo porque hay muchas cosas que llevaba tiempo sin entender, y estas son de más reciente data.

Caminando en las frías noches inglesas, con mucha frecuencia tu vista se ve aturdida por mujeres con piernas deformes paseando con minifaldas, mostrando sus extremidades tan similares a jamones colgando en una charcutería. Confiésoles que esto pasaba en Venezuela, pero nunca con tanta frecuencia, con tanto descaro, y nunca en la madre patria hacen dos grados afuera (lo cual para más inri agrega el efecto piel de gallina a unas piernas de por sí nada agradables). Con honestidad no me explico para qué estas pobres almas pasan frío para asquear a cada hombre que les pasa por delante. Quizás el frío tenga algún efecto terapeútico sobre la celulitis, y erróneamente crean que esta terapia de choque resolverá el problema.

Mi otra preocupación se relaciona con baños de mujeres en lugares públicos. ¿Alguien sabrá decir porqué los arquitectos de este planeta decidieron que los baños de mujeres deben ser del mismo tamaño que los de hombres? Será un triste legado de aquella época en que la población femenina rara vez salía de la casa, pero ha llegado la hora de arreglarlo. Lor orinales ocupan mucho menos espacio que las pocestas, y las mujeres sin duda cuidan mucho más su aspecto personal, lo cual naturalmente nos llevaría a pensar que los baños de damas han de ser mucho más grandes que los de caballeros. Pero no lo son, con la trsite consecuencia de colas interminables para mujeres, y una esperadera innecesaria para sus acompañantes.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Un país de soñadores

Rompo un duradero silencio para reflexionar brevemente sobre el insomnio británico. Todos los días tengo clases a las nueve y media. Para estándares venezolanos esto es tarde, en la UCAB el horario matutino normal comenzaba a las 7. Dado el célebre tráfico de Caracas, esto requería despertarse a las 5 y media si querías tener alguna esperanza de llegar a la hora.

Acá en cambio, la persona que vive más lejos vive a media hora caminando del salón. Con despertarte a las 8 y media tienes tiempo para ducharte y desayunar cómodamente. Ahora deben estar esperando el punchline de esta entrada. Y es que nunca he visto a tanta gente cabecear o literalmente quedarse dormida en clases.

No puede ser porque la gente se queda hasta tarde bebiendo; todo aquí cierra a las 11. No es por lo aburrido de las clases; sino en la Católica se dormiría medio mundo. Tampoco es por falta de café, hay una máquina a un minuto del salón para quien quiera. Mi teoría es que aire acondicionado y sillas cómodas ponen a dormir a cualquiera. La comidad física del estudiante, entonces, es enemiga de su concentración. Mientras más a gusto esté en el salón, no se concentrará más, sino que se irá a dormir. Lo cual podría explicar lo incómodo del clásico pupitre: es una herramienta para garantizar que los alumnos estén despiertos hasta en las peores clases.

martes, 27 de octubre de 2009

Pregunta cretina III: en el supermercado

Sonará patético e inmaduro pero antes de mi mudanza a Oxford tenía muy escasa experiencia de compras, por no decir nula. Cómo mis queridos lectores seguramente anticipan, para el no iniciado el supermercado presenta un sinfín de preguntas cretinas, desde encontrar la sal (ya la conseguí) o el té (hasta el día de hoy ni idea), a cómo cocinar las vainas que te pasan por delante. Pero lo que más me confunde son los precios.

El ejemplo de hoy es la cola. Una botella de dos litros de Coca-Cola cuesta libra y media. La marca del supermercado cuesta una libra la botella. Dizque con sabor mejorado. Sin duda estos precios tienen sentido, yo al menos estoy dispuesto a pagar media libra más para beber algo que conozco, de un sabor al que ya me acostumbré, y seguramente habrá gente que no. Pero después hay cola del supermercado "básica". Cuesta 19 peniques, y aparentemente existieron suficientes dudas sobre el tema que necesitan aclarar que tiene gas. Esto me lleva a las preguntas cretinas del día:

¿Cómo carrizo lograron que esto cueste 5 veces menos que la cola no básica? Y, ¿de qué estará hecha que cuesta tan poco?

martes, 13 de octubre de 2009

Psicología de clase

No es una teoría sociológica nueva, sino un fenómeno interesante que he observado en mi nuevo salón. En todo salón de clases hay gente que copia mucho y gente que copia poco. Hasta hace poco, yo era de los que no copiaba casi nada en clases. Si me hacía falta algo más extenso, se lo pedía a un amigo.

La dinámica cambia cuando estás en un salón nuevo con gente nueva, a un nivel superior. No sabes que saben los demás, que conocimiento tienen que les permite entender algo que tú no entendiste. Cuando ves a tu vecino copiar algo que ignoraste, te comienzas a preguntar si lo que creías era un detalle instrascendente es algo sumamente importante. Naturalmente tú no eres el único. Todos andan en las mismas. Entonces tienes a gente copiando en cadena, la inseguridad de uno reforzado la del otro, hasta que todos terminamos copiando idioteces innecesarias por el miedo a estar perdiendo algo.

domingo, 11 de octubre de 2009

Principios de vida

Mi periodo favorito en la historia es la Francia del siglo XIX. Es la historia de un país profundamente dividido, por región, por clase, pero más que nada políticamente. Un país dónde monarquistas (y de más de un tipo) tienen que convivir con republicanos, liberales con socialistas, anticlericales con creyentes, donde existían casi todas las opiniones políticas imaginables. Y todo esto, no en un paísito insignificante, sino en Francia. El caso es que me leo un libro de la época, y me encuentro con esta cita. Me cuesta mucho traducir la cita entonces va en inglés.

"I understand passions, shady interests, even vices. I do not understand stupidity, and I do not resign myself to it."
-Francois Guizot

Me siento muy identificado, y creo que habla por si sola. De paso, es el tipo que de verdad inventó la famosa cita de quien no es socialista (en su caso republicano) a los 20 le falta corazón, pero a quien lo es a los 30 le falta cerebro, tan adaptada. También tiene esta perla:

"Pueden amontonar sus calumnias todo lo que quieran: jamás alcanzarán la altura de mi desdén."

sábado, 3 de octubre de 2009

La imporancia de ser Igor

Venezuela es la tierra de los nombres raros. Te puedes llamar cualquier vaina, y la gente no pone caras, ni pregunta insistentemente acerca del origen etimológico del nombre. En Inglaterra, sin embargo, las cosas cambian. Presentarme a cualquier persona involucra en la gran mayoría de los casos dar explicaciones.

Las conversaciones suelen ir como sigue. Doy mi nombre. Me preguntan de dónde soy. Digo que venezolano. Pero Igor no suena como un nombre venezolano, dicen. Ahí tengo explicar que me llamo Igor porque es común en el País Vasco, y desciendo por parte de padre de vascos. Sí, claro que es ruso también, pero no es por eso. Claro, el País Vasco es una región de 3 millones de personas, con lo que alguna gente no sabe qué es y queda más confundida aún. Me imagino que cuando la ETA estaba en su apogeo era más fácil, pero hemos medio desaparecido del mapa.

Pero mi origen vasco no es el único detalle de mi vida que tengo que compartir. Tengo un acento en inglés que suena gringo a los oídos no gringos (para quienes mi acento es un misterio), lo cual naturalmente invita a la pregunta de si he vivido en los Estados Unidos. Entonces dos terceras partes de las personas que conozco se enteran de que veo mucha tele gringa por cable, que es la explicación más sencilla que tengo a mi acento.

Podrá sonar que me estoy quejando, pero nada más lejano de la verdad. Todo lo de ser venezolano con nombre vasco y acento gringo prolonga un par de minutos las introducciones y en ocasiones ha dado origen a conversas interesantes.