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viernes, 28 de agosto de 2009

Nuevos inicios

En un esfuerzo por depurar un poco el contenido de este blog, esta semana me he puesto a escribir en dos nuevos lugares.

GBA me invitó a participar en "The Korova Milk Bar" aprovechando el hecho de que leo bastante. Básicamente mi crítica semestral de libros la haré ahí, con alguna mayor frecuencia para justificar mi presencia como colaborador. El blog en sí es algo bastante ecléctico (no puedo decir que tenga un tema definido) y bien divertido.

La otra es un proyecto que llevaba un buen rato gestándose y por fin volvió la gente de vacaciones y nos enseriamos. Es un blog en colaboración con un par de buenos amigos al que después de larga discusión (y darme cuenta que tengo escasa creatividad para los nombres, como pueden ver con el nombre de este blog) le pusimos "Sin el Chivo y sin el Mecate". Nace por varios motivos. Entre ellos está el hecho de que lo que escribo en este blog no pretendo que sea tomado muy en serio, mientras que mis opiniones políticas sí. También que la blogosfera política venezolana de lo que yo sé se resume a "The Caracas Chronicles" y un par de blogs más. Por favor corríjanme si estoy equivocado y hay algo más que valga la pena leer por ahí, que en serio quiero saber.

Bueno, esos son los anuncios del día. Volveremos a nuestra programación convencional cuando tenga nuevas ideas.

miércoles, 1 de julio de 2009

Un semestre literario

He decidido llevar cuenta de los libros que estoy leyendo, por la simple razón que si no lo hago después se me olvida que he leído. Este semestre (el que termina en junio, no el académico que por mucho que agoniza sigue vivo), he leído mucho. Supongo que es síndrome de fin de carrera donde ya las clases te tienen harto y perdiste la vergüenza de leer abiertamente en ellas. Revisando la lista de mis lecturas me he dado cuenta que leí extraordinariamente poca porquería, lo cual me alegra mucho, y algunos libros verdaderamente excelentes que quiero recomendar.

La Reina del Sur, Arturo Pérez-Reverte

La mejor novela que he leído en mucho tiempo. Llevo 7 libros de Pérez-Reverte leídos, y es un tanto contradictorio que esta sea la que más me ha gustado. Soy gran fanático de la novela histórica, y casi todo lo que escribe Pérez-Reverte es de este género, por lo que lo natural sería que me hubiera enamorada de una de ellas. Pero lo que más me ha gustado de él ha sido esta novela de acerca del asombroso ascenso de una mejicana en el mundo de las drogas.
Está contada sin prisa - justo el opuesto esos paperbacks gringos que parecen perpetuamente apurados y aún así se te pueden hacer largos - de forma que disfrutas la evolución de la historia, y especialmente del personaje principal. Y que personaje. Hay poco que me moleste más en un libro que esos personajes que parecen actuar porqué sí, sin ningún motivo aparente. No así con la Reina del Sur. De alguna forma Pérez-Reverte logró que me metiera en su mente y entendiera perfectamente sus motivaciones; que todas sus acciones brutales, homicidas, crueles y desalamadas, me parecieran lógicas y naturales. Además la trama es impredecible, y la tendencia del autor de revelarte lo que va a pasar 30 páginas antes de que pase no rompe la tensión de los momentos críticos en lo más mínimo.

Camino a la Servidumbre, Friedrich Hayek

No es muy original, pero no se puede ser todo en esta vida. Mucho había oído de este libro antes de leerlo, y no me decepcionó en lo más mínimo. En mi caso cuando menos, no hay muchos libros que cambien tu forma de ver al mundo. Lo mejor que puedes esperar de la mayor parte de lo que lees es encontrar una idea simpática que puedes medio adaptar y usar en un futuro. A pesar de ser un libro escrito en los 40, para la gente de los 40, no pasa esto con Camino a la Servidumbre.
El concepto de Hayek de imperio de la ley (rule of law suena como menos autoritario pero esa es la traducción) es sumamente poderoso y esa rara capacidad de hacerte ver la realidad de otra forma. Sus argumentos para defender que con la muerte de las libertades económicas comienza la muerte de todas las libertades los usaré en cantidad de discusiones en el futuro. Y lo mejor del caso es que es sencillo de leer; fue escrito para todo público y con la ayuda de las notas a pie de página logra ser una lectura bastante fluida.

Oficina Número 1, Miguel Otero Silva

Otra novela que me gustó mucho aunque en teoría la debí haber detestado. Siento una gran antipatía por la literatura latinoamericana, en líneas generales me parece pretenciosa y busca más demostrar el virtuosismo literario del autor que entretener o inspirar al lector. Por otra parte, suelen gustarme los libros largos, y Oficina Número 1 a duras penas llega a las 200 páginas. Aún así me pareció excelente.
La trama honestamente no es gran cosa. Hay un personaje principal, aunque la acción del libro no anda centrada únicamente en lo que le sucede a ella. De hecho, en cada sección de la novela te va presentando a un personaje distinto, y hay un buen número de tramas paralelas. Lo genial de la novela es precisamente eso, los retratos que te va haciendo de casa una de las personas involucradas en la vida de un pueblo petrolero de la Venezuela de los 30. Más allá de la personaje principal díría que el resto de los personajes son en buena medida arquetípicos, sin particularidades complejidades, pero no se pierde mucho por eso. De hecho, los personajes son tan particulares a la época y al país que terminan de llevarte al momento. Oficina Número 1 es una novela histórica en el mejor sentido, te transporta a un tiempo y lugar distinto y te lo hace real.

Notas: Es Oficina Número 1, no 3 como salía antes. Ya que estoy en estoy, le he dicho a gente que Pérez-Reverte es colombiano porque nació en Cartagena. Pero no Cartagena de Indias, entonces efectivamente es espanol.

domingo, 14 de junio de 2009

Complejidades telefónicas: de cumpleaños y velorios

Entre el chat, el BlackBerry, y el mensajito de texto la vulgar llamada ha perdido bastante importancia. Aún así hay ocasiones para las cuales la llamada es indispensable. Para los cumpleaños hay una jerarquía clara. A los conocidos lejanos se les escribe por Facebook, como para notificar que te acuerdas de su existencia. A los conocidos punto un mensajito de texto, tiene el significado añadido de que no sólo te recordaste sino que tienes su número o te preocupaste en buscarlo. Ya a los amigos se les llama.

La llamada de feliz cumpleaños, al menos las que he hecho, son unas llamadas bastante raras. Yo cuando menos no sé como responder cuando me llaman en mi cumpleaños:

- "Aló"
- "Epa Igor, ¿como andas?"
(Aquí viene la pregunta: ¿será que no se acuerda, estará llamando por otra vaina?)
- "Bien vale ¿tú?"
(Termina de decir feliz cumpleaños y deja de hacerte el interesante cretin@)
- "De pinga chamo."
(Silencio incómodo)
- "Feliz cumple, chamo."
- "Gracias vale"
(Ok, si se acordó. Ahora me pongo a pensar en si hay algo más interesante de decir que gracias. Nunca he entendido la necesidad de esas gracias igual. Generalmente sigue más silencio. Las dos personas piensan si quieres verse la cara esta noche o si tienen mejores planes)
- "¿Y qué vas a hacer?"
(¿Invitar o no invitar? ¿Cuadrará con la otra gente, o será un encuentro de mundos seinfeldiano? ¿Eventos separados por grupo de amigos? ¿O simplemente me da flojera celebrar el día?)
- "Creo que nada, me da flojera."
(Vía del mínimo esfuerzo)
- "Que aburrido."
(Que te coja un burro)
- "Chao."

Honestamente provoca compactar toda la conversación en contestar con un:

- "Epa, gracias por acordarte, en mi casa desde las 9, un saludo. Preguntas por mensajito por favor."
(Trancar)

Cuando llama uno tampoco sabes que decir. Está la presión de ser original con las felicitaciones, de tratar de diferenciar tu llamada de las docenas que recibe la gente. El baile delicado de averiguar si estás invitado a cualquier evento, y de buscar no recibir invitación cuando tienes otros planes. El silencio al procesar si los amigos de la persona en cuestión te caen tan bien como para pasar una noche con ellos. Si no te caen bien poner una noche aburrida en la balanza con lo bien que te cae la persona. La presión de inventar una excusa convincente. Para ser algo tan cotidiano, algo que pasa todos los años (el mismo día y todo) está repleto de trampas sociales.

Las llamadas natalicias se parecen bastante a las de pésame. Conversación telefónica más incómoda que esa no hay. Intentar ser original está destinado al fracaso, y si lo logras existe un alto riesgo de decir algo inapropiado. Si la llamada se prolonga mucho corres el terrible riesgo de enterarte de los detalles de la muerte, algo que de lo cual ni tú ni la persona del muerto (debe haber una palabra pero se me escapa) quieren hacer, pero a veces sucede por la necesidad de prolongar la conversación más de lo necesario. Otra vez, creo que estaríamos todos mejor con llamadas tipo contestadora.