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lunes, 22 de febrero de 2010

Advertencia sobre los chistes

Aclaratoria dispensable (en el sentido de opuesto de indispensable, porque poca falta hace): Lo que sigue no está basando en nadie en particular, entonces no se ofendan.

Hay dos grandes formas de contar un chiste. La forma seria, civilizada, es contar tu chiste con relativa calma. Quizás una tímida sonrisa sugiera que lo que estás diciendo es gracioso, o tu tono de voz invita a la comicidad. Al terminar tu relato, esperas a ver si produjo la reacción deseada en la audiencia. Sólo después de oír la risa de los demás es que debes reírte. Al menos que andes con el gafo subido, en cuyo caso se te perdona todo.

La otra forma de contar un chiste es poco educada, ruin, e indicativa de algún nivel de deficiencia mental. En vez de sugerir que estás intentando ser chistoso, sientes la necesidad de anunciarlo a todo el que esté a veinte metros de distancia. Gesticulas en exceso, pones una inmensa sonrisa de pendejo, y sueltas carcajadas antes de terminar. Al culminar tu tortura a quienes te rodean, no contento con la pena ajena que infligiste, sueltas una estupenda risotada, que por muy mala que sea la broma obliga alguna clase de reacción en quienes te rodean. Nada de sonido de timbales para un chiste fracasado, no, tu actitud exige algo por muy falso que sea. Debo acotar acá que yo no soy de fácil reír, con el sufrimiento causado por la risa no sentida es particularmente agudo.

Si te sentiste aludido por el tercer párrafo de esta brillante epístola, analízate un momento. Aún tienes tiempo de cambiar.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Quéjense bonito

En un grupo de personas al cual dedico mucho tiempo hay dos personas que se quejan mucho, pero que son muy distintas. Quiero que una de ellas se caiga al Guaire cuando se está quejando, mientras que la otra me da risa y todo. He oído a muchas personas decir: "el me cae terrible, se la pasa quejándose". Yo creo hacen un mal diagnóstico del problema. La verdad es lo que cae mal es quejarse feo. Si se quejara bonito te parecería la persona más divertida del mundo.

Quejarse bonito no es algo sencillo de hacer,. Todos los quejones exitosos del mundo tenemos nuestra forma particular de hacerlo. Yo ironizo y hago chistecitos cretinos. No es la única estrategia exitosa pero me funciona.

Las personas que se quejan feo sufren de varios grandes problemas. Unos creen que quejarse se limita a describir una situación que causó incomodidad. No le ponen picante al asunto, no exageran, no actúan; se limitan a relatar los hechos como si fuera un noticiero en primera persona. "Salí de mi casa. Pisé los excrementos de un perro. Olí a pupú el resto del día. Se metieron conmigo en el trabajo. Odio a Venezuela, a los venezolanos, a sus perros." Aburrido.

Después está la gente que a la hora de quejarse busca empatía. Busca que uno sienta lo que están sintiendo, que uno comparta su odio hacia el mundo y su lugar en él. Esta gente sí exagera, a veces demasiado; actúan y sobreactúan. Los cuentos a menudo pueden ser hasta buenos. Pero uno no se siente autorizado a disfrutar el cuento. Este tipo de quejón no quiere descargar su miseria, sino hacer a los demás tan miserables como él.

De ahí a la gente que cree que el mundo conspira en su contra. Son historias de tragedias personalistas, paranóicas. Es la gente que no se conforma que decir que pisó pupú. Tiene que contarte todas las razones por las que era el peor día posible para pisar pupú. No sonríen a su patético destino, sino que se enfrentan a él con la más profunda amargura.

Pero el quejica que menos aguanto es quejica predicante. Si el mundo fuera más como él, no tendría que desatar su furia sobre los oídos de sus inocentes víctimas, a las que atormenta con relatos de su inmensa virtud y la iniquidad del mundo. No tiene la modestia para burlarse de si mismo, para encontrar atisbos de nobleza en la conducta de otros. El mundo es una mierda, y él tiene la solución. A lo que digo: "puede que la tengas, pero de ti no quiero oírla".

Si algún lector se sintió en algún momento aludido en la descripción de los malos quejones, está a tiempo de remediar la situación. Traten de quejarse bonito. O dejen de quejarse y punto.

domingo, 5 de julio de 2009

Seamos constructivos

Después de mucho tiempo seducido por su oscura belleza, he decidido renunciar para siempre a la crítica destructiva. Sí, es reconfortante destruir totalmente una idea que carece de sentido, se siente bien eliminar esas ideas que supuestamente contaminan el espacio público. Pero después de mucho pensar creo la crítica destructiva apela a las emociones y prejuicios más bajos del ser humano: a la necesidad de demostrar superioridad cuando todos somos iguales, a la búsqueda de un progreso intelectual que es una simple quimera, a la infundanda creencia en una verdad absoluta que no existe.

Aclaremos. Por crítica destructiva entiendo aquellos esfuerzos que están dirigidos a demostrar la falsedad de una idea, de un planteamiento, sin hacer esfuerzo alguno por rescatar aquellos elementos positivos que pueda tener. Como ya dije, esto es naturalmente nefasto, y creo que la moral humana ha evolucionado a un punto donde no es aconsejable en circunstancia alguna. Por mucho que un planteamiento esté del todo errado, tenemos que tomar en cuenta que al exponer su error, la persona quien emitió el pensamiento se sentirá ofendida, y su valoración de si mismo descenderá. Cualquier persona que dé mayor peso a un valor abstracto como la verdad que a las emociones de un ser humano es un monstruo carente de cualquier sentido de solidaridad o simpatía.

Entonces, ¿qué debe hacer una persona ética cuando en una discusión le plantean algo que a su juicio es absolutamente falso, que cree que hace daño y merece ser descartado? Pues la respuesta se encuentra en la idea de la crítica constructiva, uno de los avances morales más poderosos de la modernidad.

La crítica constructiva plantea que por mucho que uno piense que una proposición sea falsa, enga
ñosa, o haga daño como idea, es reconecer la humanidad de quien propone un punto de vista buscar algún elemento rescatable del planteamiento, y utilizarlo para mejorar y perfeccionar el planteamiento inicial. Algunos dirán que eso termina validando, aunque sea parcialmente, un argumento con el cual no se está de acuerdo. Esta gente diría que al reconocer elementos de verdad, se está permitiendo que una idea inferior comparta con otras mejores, que se está abriendo un espacio para que se difundan creencias que pueden hacer mal. Según ellos, para evitar que estas ideas cobren una validez inmerecida, es necesario usar la crítica destructiva.

Esta línea es simple y llanamente inmoral. En primer lugar, presenta que hay ideas "buenas" y "malas", y:
¿quién es uno para emitir juicios de valor acerca de lo que piensan otros seres humanos? Uno es simplemente una persona, igual que todas los demás, sin el menor derecho a pretender superioridad de algún tipo. En segundo lugar, no reconoce las consecuencias emocionales, ya mencionadas, de destruir las ideas de otra persona. Por último, decir que da una validez inmerecida ignora completamente la lógica de la crítica constructiva. El simple hecho de que una idea sea producto del pensamiento humano la hace válida, independientemente de la lógica que la sustente. No existe tal cosa como "validez inmerecida".

En conclusión, la crítica constructiva es un acto generoso que reconoce que todas las ideas son igualmente válidas por el simple hecho de estar expresadas por una persona. Esperemos que con estas líneas haya contribuido a destruir la infame y primitiva costumbre de la crítica destructiva.