miércoles, 20 de agosto de 2008

Apología al camionetero

En la aventura que es transitar en carro por Caracas, por lo general existen dos grandes villanos: el camionetero y el motorizado (maldecir a la gente que es responsable de la condición física de las calles está un pelo trillado). Eventos recientes me han dado una mejor perspectiva del asunto. Desde que empecé en el Mercantil, todos los días agarro una camioneta, y me he empezado a dar cuenta que el camionetero está siendo injustamente injuriado.

Partamos de una verdad elemental: el camionetero hace su trabajo para tener con que comer, no como una malvada conspiración para abarrotar de tráfico la ciudad, o porque le gusta ser insultado a diario. Será transporte público, pero no es servicio público. Una vez que nos damos cuenta de esto, sabemos quienes son/somos los verdaderos responsables de la absurda y errática conducta del camionetero común: los pasajeros.

Por algún motivo el pasajero venezolano piensa que tiene un derecho divino o constitucional a montarse en una camionetita donde le da la gana, y bajarse donde le provoque. En teoría existe un sistema de paradas, pero a aquellas que no están inservibles por los carros que tienen estacionados en frente, o por simplemente ser imposibles de identificar, no les para mucha gente. Por lo tanto, el camionetero, si quiere tener pasajeros, tiene que estar pendiente de señoras repugnantes paradas en la calle cual prostitutas de tercera (sí hay categorías) y maniobrar por la calle para conseguirlas, para que después le pregunten “¿Va pa Chacaíto?” y él tenga que responder “Cada, la Florida” (a lo que inevitablemente responden “Ay, pues, así no me sirve”). No solo eso, sino que el pasajero venezolano también tiene el derecho de bajarse cuando quiera, así sea 10 metros después de la última parada, y tomarse su tiempo para analizar la decisión en detalle (“¿Aquí nos sirve?”, “No, mejorn en la esquina de allá”, “¿Segura?”, “Sí vale, hay que caminar mucho”, “Señor, aquí no es, un pelín más allá”, a todas estas con la camioneta parada y sin pagar).

Y ahí no paran las tribulaciones del camionetero. Tiene que estar pendiente de cobrar y dar el vuelto, de la gente que maneja mal sin excusa alguna, de los mendigos de Maracay (aparentemente son una franquicia) que se montan en la camioneta y piden ayuda para unos gastos médicos (me han tocado cuatro en la última semana, muy orgullosos de sus orígenes aragüenses), de los peatones impertinentes y de la cara de la gente para después recordar si pagaron o no. Es un pequeño milagro que el camionetero no maneje aún peor de lo que hace, y que no se den más suicidios al volantes (yo no aguantaría un día sin matar a alguien o matarme yo).

Eso sí, los motorizados no tienen excusa.

5 comentarios:

AJuhazs dijo...

Si a eso le sumas que ponen su vida en riesgo al darle la espalda a 25 desconocidos(por poner un promedio, te das cuenta de que es un trabajo rudo rudo ...
Saludos, Mé
Pd. Te colocaré en mi blogroll para leerte a menudo.

http://soyyonoerestu.wordpress.com

Gary dijo...

That's right, but you must also consider that many of them play chances against the petty thiefs who rob the trinkets they collect!vp

Miss Alice dijo...

JAJAJAJA me reí demasiado con los mendigo de Maracay. Excellent!!!!

Manuel Andrés Casas dijo...

Creo que podemos resumir como uno de los principales problemas de los camioneteros la falta de información, de información del recorrido de cada línea, de la ubicación de las paradas etc. Me parece que también el hecho de que el pobre hombre tenga que conducir y cobrar al mismo tiempo es terrible, la culpa es el mal estado de la economía que causo la reducción de personal que eliminó como consecuencia a los colectores.

Paty dijo...

Jajajaja no sabes lo que me rei! me hacia falta leer algo de nonsense with sense... btw, no sabia que tenias un blog, pero ya estas officially in the "must read" column...